lunes, noviembre 11, 2013


Golpea el teclado, golpea el teclado! Maldita sea! No lo escucho, siente el maldito teclado, siente mi piel perforada por tus uñas. 
Golpea el teclado! golpea el maldito teclado! grita Estela desde su escritorio y frente a su teclado.

Las imágenes regresan a su cabeza, el olor a licor, el olor a una mañana que no deseaba, la respiración ajena.

Maldita Estela, maldita Estela le grita su yo interior, eres tan, eres tan, tan fina, tan delicada, tan estúpida…

Golpea, golpea, hasta sentir en tus dedos el dolor de tu piel blanca, tu piel perforada, tu piel dañada y ensangrentada.

Estela respira, Estela fuma y Armando sigue en la otra habitación. Ella no quiere.

Afuera el sol brilla tan fuerte que nubla la frase que desea gritarle en su cara a Armando y despertarlo a golpes con su voz, a golpes con su voz, a golpes con la mirada.

Sal de la habitación piensa Estela, sal, para terminar con el vacío de esta piel perforada.

Vives en la frontera más compleja del mundo, vives en limites territoriales y nos has aprendido a colocar tus propios limites corporales.


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