lunes, noviembre 25, 2013


A pocos días de comenzar diciembre recuerdo… hace siete meses pensaba cotidianamente en que pasara el tiempo, rápido, rápido, r-á-p-i-d-o, pensaba una y otra vez, que pase el tiempo r-á-p-i-d-o. 

Todos los días tachaba en un calendario un día, otro día…  Y ahora que lo pienso aun lo sigo rayando, adicta en realizar apuntes en mis calendarios,  a veces los leo y me dan ganas de llorar, reír, pensar, meditar o volver a revivir alguna fecha.

Un día platicaba con “él”, le dije, quiero que sea diciembre, “él” me miró y me hizo una mueca, seguramente pensó que era otra idea loca, al final entre mi angustia y  mi llanto “él” me dijo un simple, ya fue Mónica, lo que sigue, lo miré y pensé, claro lo que sigue, pero que ya sea diciembre!

En aquella época mi cuerpo no entendía absolutamente nada, era abril, un mes que se había convertido en la verdad absoluta, un mes que me había hecho entender que la vida era mucho más complicada de lo que yo pensaba, un mes que me hizo crecer y bajar literalmente "la colina". 
Abril un golpe. 
Yo sentía dolor, pensaba en las palabras más incomodas que me habían dicho, y sí, lo único en que deseaba era: d-i-c-i-e-m-b-r-e.

A unos días de llegar el mes deseado, “el” ya no existe, es polvo. Las palabras dolorosas siguen en la cabeza, pero ya no duelen, yo aun sigo aquí, aun sigo escribiendo, me rodea la misma gente o a veces nueva, llega diciembre, no soy la misma.

Deseo.

Diciembre, ven.  

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