martes, mayo 29, 2012

Por fin un semestre mas termina. Ahora vacaciones y disfrutar.

martes, mayo 15, 2012

 
Del Barroco al Neobarroco, una metamorfosis continua.

Mónica Arreola

Francis Bacon nace en Dublín, dentro de una familia inglesa en 1909. Su vida fue una metamorfosis compleja, misteriosa y tormentosa, en mente, obra y vida. Desde pequeño mantuvo experiencias relacionadas con disfraces y sumado a su condición afeminada le ocasionó problemas familiares severos. Fue internado en una escuela durante dos años, siendo prácticamente su única educación formal. En 1927, viaja a Berlín, donde reside por dos meses, antes de mudarse a París.

En 1933, empezó a destacar en las artes y pinta su obra Crucifixión (Fig. 1), una pintura que muestra un contraste pictórico que pasa de tonos oscuros a los claros, al centro se observa una figura fantasmagórica que simula una crucifixión, un tema recurrente en su obra. Aunque Francis Bacon se declaró ateo, ve en la cruz una “maravillosa estructura”, en donde se puede colgar “todo tipo de sensaciones y sentimientos” [1]. Su obra Crucifixión fue publicada en el libro Art Now de Hebert Read y su primera exposición individual se inauguró en el año de 1934.

La obra del artista se descubre dentro del estilo Nueva Figuración, un término propuesto a partir del conjunto de varias tendencias pictóricas influenciadas por el Informalismo, rechaza el estilo Abstracto y adopta elementos sumamente expresivos en trazo y color, valiéndose de técnicas como la pintura, la fotografía, fotogramas o imágenes impresas.

Francis Bacon se interesa en los placeres pictóricos del Barroco, por ejemplo, Nicolas Poussin, se convierte en un referente constante en su obra, la pintura La masacre de los inocentes (Fig. 2) es una obra que marca la práctica artística de Bacon. Sí bien la obra de Poussin es una pintura clásica francesa del siglo XVII, de colores claros y ordenada en su figuración, contrasta fuertemente con la pintura de Francis Bacon, la cual expresa trazos llamativos e inestable en formas y en color.


La obra de este inquietante autor es oscura, desgarradora, destructiva y nos invita a contemplar personajes fuera de la cotidianidad, parecen prisioneros de ellos mismos, rostros aterrados que nos generan repulsión y nos sugieren al mismo tiempo buscar en cada una de sus expresiones deformadas la subjetividad de sus misterios.

Los personajes desfigurados de Francis Bacon son una constante en su obra, el tema de la monstruosidad se convierte en su segunda piel, imposible de remover,  ¿Pero qué significa la monstruosidad en su obra? Omar Calabrese, semiólogo y crítico de arte, en su libro La Era Neobarroca, nos define lo monstruoso como:

Primero: la espectacularidad, derivada del hecho de que el monstruo se muestra más allá de una norma (<>). Segundo: <> causada por el hecho de que su existencia nos lleva a pensar en una admonición oculta de la naturaleza que deberíamos adivinar (<>). [2]

Los monstruos de Francis Bacon son una respuesta, una traducción de su visión atormentada hacia la humanidad, es una consecuencia de la época de la posguerra que le tocó presenciar. Sus monstruos son un reflejo de lo que existe a su alrededor, un resultado de una sociedad perturbada por la guerra, una metamorfosis del hombre hacia lo malo, lo feo, lo distorsionado de la sociedad.

Un ejemplo sobre la existencia y construcción monstruosa de sus personajes lo observamos en la obra Estudio posterior a Velázquez sobre el retrato del Papa Inocencio X (Fig. 3), la cual es una apropiación directa de la pintura Inocencio X realizada por el pintor barroco Velázquez en 1650 (Fig. 4). Bacon realiza su pintura varios siglos después, en el año 1953, en ella observamos una figura central, el Papa, sentado en una silla. El Papa muestra en su rostro un grito, gesto de horror, expresivo, llevándolo a la desfiguración, su cuerpo tenso emite la sensación de que su propia silla es su cárcel, los trazos agresivos y con fuerza en la pintura de Bacon dejan ver a un Papa en un segundo plano, distante de nosotros.

Estudio posterior a Velázquez sobre el retrato del Papa Inocencio X, es una obra donde se presenta a un Papa horrorizado, al punto de una transformación monstruosa.  Bajos los conceptos de Omar Calabrese, lo definiría como: “Un ser no sólo anormal, sino generalmente negativo”.[3]


La pintura de Francis Bacon se contrapone con la pintura de Velázquez, en donde el Papa aparece seguro de sí mismo, sentado en su silla, su gran trono, con un rostro sereno.

No es casualidad el interés que muestra Francis Bacon sobre los artistas Nicolas Poussin y Velázquez, artistas de una época Barroca, un período en donde el concepto del monstruo tiene un desarrollo notable, sobre esta relación de época e identidad de lo sobrenatural, Omar Calabrese nos sugiere lo siguiente:

… el barroco y con otras épocas <> productoras de monstruos: baja latinidad, baja Edad Media, romanticismo, expresionismo. Todos ellos son periodos en los cuales el monstruo se emplea para representar no tanto lo sobrenatural o lo fantástico, como sobre todo lo <>, que depende de la rareza y casualidad de su génesis en naturaleza y de la oculta misteriosa teología de su forma. [4]

Lo monstruoso forma parte del Barroco y ambos son plasmados de manera sublime y misterioso en la obra de Francis Bacon.

Lo maravilloso de sus figuras amorfas aparece en la perfección de sus trazos.

Sus obras narran historias personales y convergen en la oscuridad.

La homología de sus personajes se establece a partir de una morfología deforme.  En interiores complejos por el dibujo de perspectivas desasociadas, Bacon deconstruye todo, espacio y personaje.

Sus imágenes, “Son formas que no tienen propiamente una forma, sino que están, más bien, en busca de ella”[5]. Se encuentran en una continua metamorfosis.


[1] Nancy Spector, Collection Online, página electronica de Guggenheim.

[2] Omar Calabrese, La Era Neobarrca, pag. 107. Editorial Catedra, Signo e Imagen
[3] Omar Calabrese, La Era Neobarrca, pag. 107. Editorial Catedra, Signo e Imagen.   
[4] Omar Calabrese, La Era Neobarrca, pag. 106 y 107. Editorial Catedra, Signo e Imagen. 
5 Omar Calabrese, La Era Neobarrca, pag. 109. Editorial Catedra, Signo e Imagen.    



Obra


 Crucifixión, 1933 (Fig. 1)                         



La masacre de los inocentes, 1629 (Fig. 2)


Estudio posterior a Velázquez sobre el retrato del Papa Inocencio X, 1953 (Fig. 3)

 
Inocencio X de 1650 (Fig. 4)



Bibliografía

1. Eduardo Arroyo Joan Brotat, Nueva figuración, ArteSelección.
2. Jon Thompson, Cómo leer la pintura moderna, entender y disfrutar los maestros
    modernos, de Courbet a Warhol, Editorial Electa.
3. Nancy Spector, Collection Online, página electrónica Guggenheim.
4. Omar Calabrese, La Era Neobarroca, Editorial Catedra, Signo e Imagen..