jueves, noviembre 25, 2010

Obsequio

Cuando ellas ladraron yo las ignoré, tal vez el frío, la pereza o el destino.

Minutos después apareció un correo en mi cuenta electrónica, en el decía: Un obsequio para ti en la puerta.

Me levante de mi silla y corrí hacia la puerta, la abrir y entro este frío tan típico de Tijuana a finales de noviembre, bajé corriendo las tres pequeñas escalinatas y en el suelo estaba “mi obsequio”, me agache y lo tomé, me sentí observada pero no había nadie a mi alrededor.

Mis manos temblaban por el frío y yo sonreía por “mi obsequio” tan merecido diría yo, ¿tan poco merecido diría el?...

Siempre es muy halagador saberse querida de todas las formas posibles.

1 comentario:

Un tipo dijo...

Su siempre me hizo pensar.