lunes, agosto 02, 2010

Una mujer gritaba. Abrí los ojos. El cuarto seguía a oscuras. El grito vino de afuera. Un hombre decía unas palabras. Ella gritaba. Imagine, ambos a una cuadra de distancia de mi casa discutiendo, ella sobre el piso y él tal vez a punto de volverse loco intentado arrastrarla. Arrastrarla… No seria la primera vez que viera algo asi frente a mi casa. Ella seguía gritando y el decía palabras. A esta hora de la madruga cualquiera puede volverse loco por cualquier cosa.

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