lunes, julio 26, 2010

Gabriel no quería verme. Insistí. Estuve dos horas fuera de su apartamento. Tijuana a cualquier hora es peligrosa, así que decirles la hora en que llegue al apartamento no tiene importancia. Cuando abrió la puerta entre sin mirarlo, él esperaba una palabra, pero a mi no se me da eso de hablar mucho, así que no tenia sentido estar a punto de entrar a su apartamento para “hablar”. En octubre la ciudad tiene un clima con vientos tibios y una atmósfera que reseca los labios de una manera deliciosa. Gabriel y yo teníamos varios meses sin vernos, la ultima vez fue en mi fiesta de cumpleaños, la recuerdo con gran éxtasis, bebí tanto que termine sobre el sofá de cuero color negro, yo sola me bebí una botella barata de Champagne que había comprado en San Isidro California, aquella mañana Gabriel despertó a mi lado, me cuidaba como siempre, estar a su lado me hacia sentir bien, cuando algo mal sucedía tomaba mis hombros y me decía con una voz ronca y dulce: Todo estará bien, saldremos a caminar un rato por la ciudad y todo estará mejor, siempre juntos, ¿no?
Siempre juntos, ¿cuánto tiempo es eso?, me lo preguntaba todo el tiempo, no quería entorpecer nada, quería ser perfecta, pero tampoco podría olvidarme de mi, de quien era, una totalmente imperfecta.

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