domingo, agosto 09, 2009

¿Regresar?, alguien grito detrás de mi. No tuve la intención de darle importancia. No me importó en ese momento saber quien estaba detrás de mi alzando la voz con esa pregunta.

¿Regresar?, vuelve a gritar, era la voz de un hombre. Una voz grave, inquietante.

¿Para que voltear?, si ese hombre seguramente no se dirigía a mi (pensé). Ni siquiera reconozco esa voz, además mi personalidad es incapaz de tomarle atención a un hombre que entra a un restaurante gritando. Segundo después todo el lugar estalla en silencio, no escucho siquiera los cubiertos moverse de las otras mesas, ni un murmullo, empiezo a preocuparme, aun se siente la presencia pesada de aquel hombre.

¿Regresar?, vuelve a gritar. Observo el mantel blanco de la mesa, el vaso con agua con los cubos de hielo y un limón flotando en la cubierta del vaso transparente, respiro hondo, el hambre se me ha ido y no me atrevo a mover ni el tenedor, mi cara podría delatar mis nervios, muevo mis labios de un lado a otro, de pronto las mujeres gritan, el miedo me impide girar un poco el cuerpo para ver quien es ese alguien que esta alterando todo el restaurante.

Ya no existe el regreso!, Me voy y tu te vas conmigo! Grita él hombre. Todos se levantan de sus mesas y corren rumbo al pasillo que sirve como ruta de evacuación, alguien me toma de los hombros, me levanta de la mesa y me empuja sobre la manada de gente corriendo por el pasillo, el miedo y la preocupación se intensifica, intento voltear, deseo voltear, para conocer a ese hombre que tanto le aturdía “el regresar” y que había incomodado a todo el lugar, la gente me impide tener una visión clara, la contra luz de la puerta de cristal no me permite ver mas allá que una silueta, llegamos por inercia al final de la ruta de evacuación algunos caen sobre el suelo del patio trasero del lugar, algunos intentan narrar lo que han visto, otros me preguntan si vi al hombre, no sabia que decir, ni siquiera volteé .

Un disparo. Nos miramos y empieza a llover.

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