jueves, junio 07, 2007

I
Nirvana, ruidosa como el Grunge

Era Lunes. Desperté a la siete de la mañana. Por lo general me da por dormir cinco minutos extras, y como siempre, esos cinco minutos adicionales se convierte trágicamente en cuarenta. En esta ocasión, puedo hacer uso de esos cinco minutos, ya que mi trabajo queda a solo siete cuadras de mi departamento. Ese lunes era un día especial, mi primer día de trabajo. Me emociona el primer, conocer gente, escuchar música de camino al trabajo, observar a mis nuevos compañeros, memorizar sus nombres. ¿Te había contando que me gusta cambiar de trabajo constantemente?, me aburro fácilmente, así que busco trabajos nuevos en cada oportunidad que tengo, a veces me siento como una actriz, puedo pasar de cajera del supermercado del Gigante a recepcionista de una Clínica Dental, o diseñadora de aparadores de Dorian’s a vendedora de casa de vivienda de interés social. He tenido mas de una decena de trabajos. Pensaras que estudie hasta la secundaria o preparatoria. Pero soy titulada. Pero por el momento no importa cual es mi profesión. ¿no crees?

En los noventas tuve mi primer trabajo. Tenia 17 años. Me dedicaba a decorar salones de fiestas, bodas, bautizos, quince años, o posadas. Lo que mas me gustaba era realizar el arco de globos de la mesa principal, podía hacerlo de un solo color, de dos o tres colores, estos últimos eran los que se cobraban mas caros. También colocaba globos inflados con helio en la pista de baile y con unas tijeras bien afiladas enchinaba el listo de colores que colgaba de los globos, en los centro de mesas coloca arreglos de flores o algún arreglo diseñado previamente, en un día arreglaba de tres a cuatro salones, y en días navideños no me daba abasto, superaban cuatro salones.

Un día conocí a Carlos, era D.J, amenizaba varias de las fiestas que me asignaban decorar, el tenia como 23 años, Carlos era sonriente, siempre llegaba al salón de fiestas a probar el sonido. Mientras yo colocaba algunos globos en la pista él me gritaba desde la puerta: Oye Claudia, ¿Quieres que te ayude?, con mi ojos serios observando hacia el techo y le contestaba que no, que mejor supiera una buena cumbia para bailar o una canción de rock para cantar.




Por las tarde los salones de fiesta siempre están medios vacíos, solo andan por ahí Carlos, Manuel, jefe de los meseros o Josefina, la cocinera.

Una tarde Carlos y yo decidimos quedarnos en una fiesta, era en el Salón de Los Coreanos por la Zona del Centro, para mi era mi ultimo salón que tenia que arreglar esa noche, y como Carlos seria el D.J. accedí a quedarme. La música fue de lo mejor, esa noche Carlos cambio totalmente el repertorio de la música, era una cumbia muy sabrosona con ritmos pesados, esa noche me atendieron muy bien, Manuel siendo el jefe de los meseros ordeno que me sirvieran todo lo que yo pidiera, tenia varios años de conocerlo. Durante la noche me acerque a Carlos para llevarle algo de tomar, después de las doce de la noche ya estábamos algo borrachos, no deje de bailar durante tres horas, Carlos de travieso movía alguna de las luces para alumbrarme mientras bailaba.

La quinceañera de esa noche se llamaba Noemí, estudiaba en la Secundaria Federal Numero 1, sus amigos no dejaron de gritar y aplaudir, su padre se emborracho tanto que se cayo de la silla en tres ocasiones, a Noemí se le veia nerviosa, su madre no dejo de bailar con el compadre. Julio el chambelán de Noemí se la paso coqueteando con la prima de nombre Marcela, tal vez te preguntaras ¿Como es que se me los nombres de varios de los asistentes de la fiesta?, sencillo, a Noemí y Julio los vi antes de que llegaron los invitados, estuvieron ensayado un baile horrible, mientras Noemí y Julio bailaban yo estaba cerca de ellos colocando globos color azul pastel y perla, y Carlos hacia prueba de sonido, claramente escuche cuando Noemí le grito a Julio que no se acercara a Marcela, ella era la ex novia de Julio.

Esa noche paso lo inimaginable, había visto varios espectáculos vergonzosos, pero el de esa noche fue, “chisto”, Noemí y Marcela se pelearon, y cuando digo que se pelearon, me refiero a verdaderos golpes, jalones de cabello y arañazos, la pobre de Noemí quedo sin su “maravilloso chongo” y sus adornos de cabello botaron como serpentinas, Marcela que iba vestida con un pantalón negro y una blusa a manga larga brillosa en color verde no le sucedió nada, pero Noemí con gran vestido de holanes, encaje y lentejuela color azul pastel quedo reducido a casi nada, jamás había visto pelear a unas adolescentes con tanta fuerza por un chico, flacucho, alto, sin nalgas y narizón. Marcela termino con el peinado y vestido de Noemí, pero lo mas vergonzoso supongo para Noemí fue el haberle bajado su vestido strapless hasta casi llegar al ombligo, Carlos y yo no paramos de reír en toda la noche, a Noemí se le habían visto completamente los senos, ella no sabia ni donde meterse, y el padre por supuesto, borracho dormido sobre la mesa.

Al terminar la fiesta Carlos y yo caminamos por el centro de la ciudad, le comente que esa noche seria la ultima que trabajaría decorando salones de fiesta, andaba en busca de otro trabajo, estaba a punto de salir de la preparatoria y muy probablemente estudiaría en alguna universidad. Tomamos un taxi. Carlos me hablaba de música y nuevos grupos y se interrumpía constantemente para sugerirme que no dejara el trabajo. Sonreí y lo tome de la mano, cerré los ojos y sentí el viento en mi cara. Carlos aprovecho el momento y me beso. Me gusto. Le sonreír nuevamente. Sabia que después de esta noche no volveríamos a vernos, yo sentía una atracción por el desde que lo conocí, nunca se lo confesé, simplemente no me interesaba en aquel momento ser la novia de el o de alguien mas. Carlos me abrazo fuertemente, me invito a casa de su hermana, ella estaba de vacaciones, acepte. Nos besamos en algunas ocasiones durante la noche, ambos lo deseábamos, nunca habíamos tenido la oportunidad de estar a solas. Durante la noche bebimos cerveza y platicamos de las experiencia de trabajar en salones de fiestas y de música nueva, nos reíamos mucho recordando a novias, quinceañeras o primos, tíos, chambelanes borrachos. Recuerdo perfectamente que esa noche estaba muy emocionado Carlos, no dejo de poner muchísima música que le habían traído de Seattle, me platicaba de un estilo Grunge, me platicó de un grupo llamado Nirvana, sus ojos se iluminan al hablar de música, repitió varios veces rolas de este grupo Grunge, al mismo tiempo me contaba con una emoción sus intenciones de ser músico, quería tocar la guitarra o la batería.

Después de varias horas terminamos completamente dormidos sobre el sillón color verde aterciopelado estilo Luis XV, por la mañana nos despertó el sonido del repartidor de gas. Pasaban de las ocho de la mañana, desayunamos pan tostado con mantequilla y jugo de naranja, me coloque mi chamarra negra y me acomode un poco el cabello, tenia el rimel corrido en ambos ojos. Carlos me acompaño a la parada del taxi. Nos despedimos con un gran abrazo, hicimos planes de vernos el próximo fin de semana. Cuando Carlos se alejo sentí un ligero dolor de estomago, después lo sentí pesado. Podría haberlo besado nuevamente, pero no lo hice, por lo contrario y en silencio observe alejarse. El sol pegaba sobre mis ojos mal delineados, hice una mueca, luego le sonreír, como solo una chica en los noventa puede sonreír. A Carlos jamás volví a verlo. Los planes de ir a buscarlo el próximo viernes en el Salón de los Electricista no se llevo acabo, nunca fui a buscarlo, ¿La razón?, no lo se. Tengo los recuerdos conmigo de esa época y a Nirvana, una gata blanca de ojos azules, que llego a casa un tarde templada, Nirvana, ruidosa como el Grunge. Que me recuerda a Carlos y a los años noventa.

Continuara...

Monica Arreola

2 comentarios:

Anónimo dijo...

en tu texto tienes infinidades de faltas de ortografia. seria mejor lo pusieras los acentos en las palabrasa donde deven de ir para que se pueda entender...

monica dijo...

Con gusto le voy a poner los acentos donde "deven" de ir, como tu dices.
Ciao.