lunes, mayo 23, 2005

Paramos en la carretera, la noche.

No observamos, las mismas costumbres siguen puestas paralelamente sobre el tablero iluminado, la noche.

Un cigarro en tu mano, otro en mi boca, escuchamos el abanico del auto encenderse automáticamente, ni una palabra, ni un gesto.

El abanico se detiene, enciendes el auto, sigue sedado por las mismas costumbres que irremediablemente se persiguen unas a otras sobre el tablero, iluminado.

Iluminada la noche.

Los cigarros se agotan, al igual que nuestro tiempo.

Algún sueño pasa por tu cabeza, lo reconozco por el movimiento de tus manos.

-Vestido, vestida como cualquier noche de recorrido extraordinario por la carretera-

El canto de un grillo nos hace reír. Se parece a ti, me dices. No, se parece a ti, te digo. Ni siquiera el grillo nos hace tener una plática fluida.

El tablero encendido, las costumbres encendidas, el carro, el carro…

Seria un error bajarme del auto, seria un error recorrer la carretera, seria un error mencionar cualquier cosa, seria un error un movimiento.

Los cigarros se agotan, los cigarros se apagan, al igual que nuestro tiempo.

Las costumbres siguen sus ritmos.

No hay comentarios.: